La clepsidra
July 2, 2009No de agua, de miel, será la última gota de la clepsidra.
J. L. B.
Una ilusión mayor temí llevar con conjeturas. No alcanzaba a comprender la latitud del problema ni conocía (no conozco aun tampoco) los extraños hilos que entraman las cosas.
Esa tarde pensé que la novedad es una quimera, que aunque no existe la repetición completa queda de fondo un aire familiar. Pero también es ilusión el ver semejanzas, parecidos que se acentúan cuanto más fugaz es la mirada. La niebla del tiempo y de los lugares comprime los hechos y sus otras palabras.
Esa tarde pasó, se limpiaron las aguas que enturbió la creciente y los pescadores volvieron a tirar sus redes. La vida pasa casi sin pensar, sin necesidad de ser pensada, como las aguas y los peces. Pero esta naturalidad de las cosas es el acicate del extrañamiento de quien las piensa. Y ese pensamiento es efímero, se agota en el suspiro de la luz que ilusiona el recuerdo. Lo que estos ojos vieron, lo que tocaron estas manos, la música que movió una invisible trama… todo se pierde diluído en la sangre que detiene su curso para no volver, para no correr, para volverse negra costra e ignorados efluvios.
Al final del día la clepsidra puede volver a recorrer su curso. La memoria seguramente quedará mirando, empañándose, desvaneciéndose.
Antes del final
No son las borrascas el fin del verano
del calor del nombre de cada palabra
Hay cada mañana una sola semilla
y llegada la noche se encienden las matas
No supe tu historia ni conozco tus días
no se de memoria ni de oscuros velos
cada ser se cierra en su propia trampa
y cierra sus puertas con llaves y celos
Al final las sombras
al cerrar los ojos
las tinieblas
Al final las luces
fogonazo errante
y otra vez el sueño
Caricias
February 13, 2009Tus fríos dedos rozaron mi frente
tus dedos de seda.
Un recuerdo vago ahora potente
una larga ausencia como de milenios
una proximidad vacía
… y el misterio acecha.
Tus fríos dedos corrieron sin pausa
movieron montañas y cerraron cielos
corrieron las islas, bajaron estrellas
y la última noche abrigaron sueños.
Tus fríos dedos y la embriguez temprana…
Todas mis certezas en vanas cenizas
se degradaron, hasta la más cierta.
Toda mi confianza en nuevos ocasos
se fue junto al flujo de las novedades.
Tus fríos dedos y mi últma hora.
Ya es tiempo
mi partida espera.
Tus dedos de mármol descarnado y seco
me abisma en la noche de la que no hay vuelta
… en la que no hay nombres
ni rostros
ni espectros.
El agnóstico gnóstico
November 9, 2008Y daré á mis dos testigos, (…) son las dos olivas, y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra.
Dos olivas, dos candeleros, en griego δύο ἐλαία καί ὁ δύο λυχνία. Siempre encontré ahí un mensaje cifrado, ἐλαία son las olivas (las aceitunas), el árbol de donde salen (el olivo) o más en general, el aceite. Y el aceite se usa para encender la lumbre (λυχνία).
Gnósticos son quienes pueden ver al mundo como un todo completo. Más allá de los titubeos de un saber rumiante se lanzan a una realidad que no necesita verificación, a una experiencia personal que se les revela como la ciencia no puede: universalmente. Una simple intuición abarca los extremos del horizonte desafiando la razón (esa razón pasto de la docta ignorancia de milenios) y presenta en una imagen única pasado, presente y futuro. Una chispa en que el universo se hace asible, compacto y limitado como una masa de esfera fuera de la cual no hay nada.
Agnósticos son quienes dejan fuera de lo cognoscible ciertas realidades extremas. No las niegan, sino que las abandonan en una nebulosa de incertidumbre. Hay en el agnóstico una confianza en avanzar sobre esas realidades junto con el pesimismo de ver pasar las generaciones sin respuestas definitivas.
Y a pesar de estar tan lejos es tanto lo que comparten.
Vendrán dos testigos capaces de cerrar el cielo para que no llueva. Tendrán el combustible de todas las lumbreras. Su misión es devolver un relato, de esos que se perdieron secularmente.
El niño y la lluvia
October 29, 2008De todos los cielos hay sólo uno posible. Así llegó a ser después de esa caminata hacia la Cruz del Sur montando el lomo del Centauro. Ya el tiempo se encargó de borrar las aristas, dejar sólo esa nebulosa que cubre como velo los rostros antiguos.
El día empezó cargado de lluvia. La primavera trae consigo esa inestabilidad del clima y de la gente. La noche, que bien conoce su fin en las luces del alba, hoy se aferra a la oscuridad de las nubes que opacan el sol. No hay mucho más para decir.
Pero queda el recuerdo. Mil días atrás hubo otra tormenta. El agua es una bendición, y esa vez fue la razón de una epifanía. Hace mil días fue clara la visión, una imagen completa de los días por venir. No es algo extraño tampoco, el futuro es una simple extensión de lo pasado a través del efímero (inasible) presente. La continuidad del tiempo se dejó acariciar sin su habitual máscara de sueños y promesas rotas. Y de la elevación sobrevino la caída, el castigo por tocar con manos humanas el misterio. La profanación trae su castigo, algo tan mundano como el tiempo sólo se deja tocar al dejar atrás todo el tiempo y todos los tiempos.
El día sigue marcado de lluvia, la lluvia del último viento, el viento del aire caliente de soles de otros días. El Camino de la Cruz del Sur conduce por la rosa y tras una leve curva alcanza al niño, allí donde el jacarandá bebe de las aguas.






